En la gastronomía italiana el queso parmesano es
como el chile en México, no puede faltar a la hora de comer, hay infinidad de
recetas donde lo usan como acompañamiento, pero en esta en particular, el queso
parmesano y el Mozarella, consiguen darle un sabor exquisito al pollo, y este
platillo en especial puede ser utilizado para una gran cena romántica.
Maribel
INGREDIENTES:
PREPARACIÓN:
Pelamos los tomates, les quitamos las semillas y
los troceamos en dados pequeñitos.
Fileteamos el ajo.
Ponemos a calentar una sartén con un chorro de
aceite de oliva, unas 3 cucharadas soperas.
Ponemos los ajos en el aceite para que vaya
soltando sabor, cuando empiecen a saltar, antes de dorarse, añadimos los tomates
y los salteamos.
Cocinamos durante 5 minutos y reservamos;
quitamos el ajo.
Si las pechugas son muy gordas, las cubrimos con
film y las aplastamos para igualar el grosor.
Batimos el huevo con dos cucharadas de leche y
bien de sal.
Pasamos las pechugas por harina y las sacudimos
para que caiga la harina sobrante.
Las pasamos por huevo y luego por pan rallado.
Las freímos en aceite bien caliente y las sacamos
a un papel absorbente.
Precalentamos el horno a 200ºC.
Colocamos las pechugas fritas sobre una fuente de
horno.
Les ponemos una cucharada de tomate a cada una,
tratando de que no se vuelque por los costados.
De esta manera las pechugas se mantendrán
crujientes al no mojarse con el tomate.
Las espolvoreamos con abundante queso parmesano
rallado y las cubrimos con la Mozzarella.
Las ponemos al horno hasta que la Mozzarella haga
burbujitas y comience a tornarse de un color marrón suave.
Las servimos bien calientes acompañadas de puré
de patatas, patatas fritas o arroz.